Tu victoria, por un sacrificio...

A Ximena:

Pequeña mujer de apresurado andar y siempre con tu carga a cuesta, de una generación similar a la mía, pero de mundos y caminos absolutamente distintos. En todos estos años en los cuales te entregaste a tu fe siguiendo junto a ella por una senda de notorio sacrificio que te implico una vida marcada por continuas oraciones y cánticos al supremo dios; haciendo presencia donde estimaste conveniente estar, no desviaste jamás el camino haciendo práctica constante de la consecuencia entre tus creencias, dichos y hechos.

Virtuosa mujer luchaste en medio de la vorágine de este mundo que se comporta poco acogedor con personas que llevan un credo religioso como estandarte de vida, pero que en nada escatiman a la hora de entregar bondad, profesando con actos lo que aprenden en aquel libro del cual jamás se separan.
Perdóname por mi cobardía, por que no fui capaz de mirarte a los ojos y ver como tu ser desfallecía y debilitaba consumido por esa odiosa enfermedad; opte a conciencia por hacerlo así y quedarme con esa ultima imagen tuya, en la que expresabas ingenuidad y cordialidad al saludar.

Ahora se y estoy segura que te encuentras disfrutando de tu merecida estadía allá junto a Ángeles y querubines, que han sabido darte la bienvenida con majestuosos cantos celestiales, siempre creíste en eso y esa es tu victoria mas allá de este mundo, Adiós pequeña mujer…

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